La calidad del agua en Jalisco ha generado preocupación por sus posibles efectos en la salud, particularmente por la presencia de enfermedades renales en comunidades de la ribera de Chapala y por los reportes de agua turbia, oscura y con olores desagradables en la Zona Metropolitana de Guadalajara.
En un artículo de opinión publicado el 13 de octubre, el investigador Zesergio Melo plantea que ambos problemas deben analizarse de manera conjunta, pues la contaminación ambiental y la falta de acceso confiable al agua potable pueden afectar la salud por distintas vías. No obstante, advierte que todavía no existe evidencia suficiente para afirmar que el agua sea la causa directa de todos los casos de enfermedad renal reportados.
En comunidades como San Pedro Itzicán, Agua Caliente, Chalpicote y La Zapotera, en la ribera de Chapala, investigaciones académicas han identificado factores de riesgo como la exposición a plaguicidas y otras sustancias presentes en el entorno. En la región de Los Altos, también preocupa la presencia de arsénico y flúor en determinados pozos, mientras que en El Salto y Juanacatlán persisten inquietudes por la contaminación del río Santiago.
En Guadalajara, Zapopan y Tlaquepaque, habitantes denunciaron desde finales de febrero de 2026 que el agua de la red llegaba con tonalidades cafés o negras y olores similares al drenaje. El Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) atribuyó parte del problema a contaminación en el Sistema Antiguo, infraestructura que conduce agua hacia la planta potabilizadora de Miravalle. Posteriormente, la Secretaría de Salud de Jalisco reforzó la recomendación de utilizar agua de garrafón para beber, cocinar y cepillarse los dientes.
El artículo señala que el principal problema es la falta de información pública completa y constante sobre la calidad del agua por colonia y localidad. Aunque el color y el olor desagradables no demuestran por sí solos que el líquido provoque daño renal, la ausencia de mediciones accesibles sobre metales, plaguicidas y otras sustancias dificulta evaluar los riesgos.
Entre las medidas propuestas se encuentran publicar análisis actualizados de la calidad del agua, realizar estudios para detectar daño renal de manera temprana y garantizar el acceso a agua segura en escuelas y espacios públicos. También se plantea mejorar la coordinación entre las autoridades sanitarias y los organismos encargados del suministro.
El especialista sostiene que no es necesario esperar a que todas las causas estén plenamente demostradas para reforzar la vigilancia ambiental y médica. La prioridad, señala, debe ser identificar las exposiciones de riesgo, ofrecer atención oportuna y garantizar que la población tenga información confiable sobre el agua que consume.






