En los últimos años, los gustos de los consumidores del tequila se han ido sofisticando para entender a una bebida que, lejos de tomársela como un shot, prefieren saborearla a sorbos pequeños y olerla. De esta forma realmente disfrutan su sabor.
Así trascurre la conversación con Juan Gallardo, socio y fundador de Volcán de Mi Tierra, sello que surge de la asociación con Möet Henessy para, en 2017, dar origen a una aventura que se ha propuesto producir el mejor tequila del mundo.
El reto, saben, no es sencillo. Sin embargo, están dispuestos a afrontarlo con la creación de un destilado en el cual no utilizan ningún aditivo. “Esto era un tema de enorme importancia para ambas firmas porque los sabores, las sutilezas, las características se dan simplemente usando las propias mezclas de agaves, tiempos y procesos, sin agregarle ninguna sustancia artificial”, comenta con toda certeza, quien proviene de una familia, la cual se ha entregado por generaciones a la producción del destilado.
A las faldas del Volcán de Tequila, en Jalisco, esta firma resguarda los secretos de la fórmula con la cual buscan proyectarse al mundo con una bebida premium que no solo cautive a los paladares más exigentes, también sorprenda a quienes apenas están conociéndola.
Para ello aprovecharon la cultura de ensamblaje de Möet para, por ejemplo, transformar el proceso de producción de la bebida desde la selección de agaves, la forma de cocinarlos y de molerlos. Asimismo, realizaron muchas muestras y catas para dar con el producto adecuado que querían mostrar. De esa forma surgió su primer tequila blanco, este a su vez es una mezcla de tres blancos. Y en la actualidad ya también cuentan con reposado, cristalino y extra añejo.
Además del meticuloso proceso que llevan a cabo, una de las claves para conseguir notas exquisitas de sabor está en los suelos de Jalisco. El estado ha consolidado dos zonas de producción, mismas que tienen condiciones fisicoquímicas de la tierra y la humedad muy distintas.






